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El príncipe Caspian: Saber tiene su precio

Todo lo que has oído sobre la Antigua Narnia es verdad. No es una tierra de hombres. Es el país de Aslan, el país de los Árboles Despiertos y de las Náyades Visibles, de Faunos y Sátiros, de Enanos y Gigantes, de dioses y de Centauros, de Bestias que hablan






Por Ezequiel Dellutri

::La Antigua Narnia
Todo lo que has oído sobre la Antigua Narnia es verdad. No es una tierra de hombres. Es el país de Aslan, el país de los Árboles Despiertos y de las Náyades Visibles, de Faunos y Sátiros, de Enanos y Gigantes, de dioses y de Centauros, de Bestias que hablan. Contra ellos luchó Caspian Primero. Ustedes, los Telmarinos, silenciaron a las Bestias y a los Árboles y a las fuentes, mataron y expulsaron a Enanos y Faunos, y ahora tratan de borrar hasta el más leve recuerdo de ellos. [1]

De este modo explica Cornelius al príncipe Caspian, su alumno, lo que ha sucedido con el mundo de Narnia que Lewis nos presentó en los primeros volúmenes de la serie. Los Telmarinos, provenientes de tierras situadas detrás de las montañas occidentales de Narnia se han apoderado del país encabezados por Caspian Primero, también llamado El conquistador. Los animales y demás seres fantásticos debieron esconderse, porque los nuevos reyes harían cualquier cosa por quitarlos del medio. De manera que la Antigua Narnia continúa existiendo en las sombras, oculta de la poderosa mano de los Telmarinos. El temor ha hecho que existan grandes divisiones entre los sobrevivientes. Algunos hasta creen que los tiempos antiguos y las grandes proezas de Aslan y los cuatro reyes que tan bien conocemos, son en realidad cuentos de viejas. Necesitan un líder que los haga ver el camino para recuperar sus dominios. Necesitan un líder que los guíe hacia la libertad.

::Caspian, el líder de la Antigua Narnia
Quien guiará a los antiguos habitantes de Narnia para que recuperen su país será el príncipe Caspian Décimo, descendiente de Caspian Primero.
Pero, ¿de dónde sale este príncipe? Su historia es de lo más interesante: Su padre, Caspian Noveno, murió cuando su hijo era pequeño. Su hermano, Miraz y la esposa de éste, Prunaprismia, usurparon el trono, pero como no tenía hijos, criaron al príncipe Caspian para que fuese su heredero.
El príncipe fue educado por una niñera que le contó varias historias sobre la Antigua Narnia. El niño, fascinado por estos relatos, los refirió a su tío, quien de inmediato hizo desped ir a la nana. Muy pronto, un nuevo maestro llegó para remplazarla. La descripción del tutor, como tantas otras redactadas por Lewis, no tiene desperdicio:

Caspian se había propuesto odiar a su nuevo tutor, pero, cuando éste llegó una semana después, resultó ser una de esas personas a las que es imposible no querer. Era el hombre más diminuto y gordo que Caspian había visto en su vida. Tenía una barba larga, plateada y cortada en punta que le llegaba hasta la cintura, y en su cara fea, morena y surcada de arrugas había una expresión de gran sabiduría y bondad. Su voz era grave, pero sus ojos alegres, y si uno no lo conocía bien, era difícil saber si bromeaba o estaba serio. Su nombre era doctor Cornelius. [2]

El doctor Cornelius es uno de esos maestros al estilo del Merlín creado por T. H. White –si no leíste Camelot ¿qué estás esperando para hacerlo?–: Severo, pero profundamente humano. Estoy seguro que alguna vez tuviste un profesor así.
Cornelius enseñó a Caspian lo que era importante que supiera: La Antigua Narnia continuaba viva pese a los esfuerzos de los Telmarinos por aniquilarla. Claro que estas clases sobre historia narniana debían realizarlas en secreto mientras simulaban estar mirando las estrellas durante las lecciones de astronomía en la torre más alta del castillo; como recordarán, el rey Miraz no quería que su sobrino se enterase de la verdadera historia del país.

De este modo, Cornelius fue preparando a Caspian para que, cuando fuese rey, restableciera el orden. Pero, claro, las cosas nunca pueden resultar tan sencillas, así que Lewis va a poner una pizca de problemas para complicar las cosas. Cuando Cornelius se entere que la reina Prunaprismia ha tenido un bebé, obligará a Caspian a escapar del castillo durante la noche. ¿Por qué? Muy simple: Porque el rey intentará matarlo para poner en el trono a su propio hijo.

::La huída
Así es como Caspian debe huir de su vida cortesana para internarse en los bosques, sitio que, junto con el mar, es temido por los Telmarinos. Antes de partir, Cornelius, que no lo acompañará para facilitar su huida, le regalará un cuerno mágico que había pertenecido a la reina Lucía. Cuando estuviese en verdaderos problemas y necesitase ayuda, debería hacerlo sonar y entonces, recibiría el apoyo que necesitase.

Caspian monta su caballo Destrier y comienza el viaje, con tanta mala pata que al llegar al bosque se larga una de esas tormentas que hacen asustar a los más valientes. El caballo tropieza y Caspian cae al suelo, perdiendo el conocimiento. Se despertará recién con las primeras luces del nuevo día para encontrase con varios enanos que viven en el bosque y que no están muy de acuerdo sobre qué hacer con él. Por medio de este diálogo, comprendemos que hay profundas divisiones entre los antiguos narnianos. Sin embrago, luego de una compleja discusión, logran ponerse de acuerdo en algo: Convocarán a un consejo para decid ir qué hacer con el príncipe.

De este modo, Caspian conocerá a algunos de los más recordados personajes de C. S. Lewis: Los tres osos panzones; Correvuela y la demás ardillas; los Siete Hermanos del Bosque Tembloroso, enanos herreros que regalan al príncipe armaduras, yelmos y armas; los centauros encabezados por Vendaval –¡sólo a Lewis se le puede ocurrir un nombre tan bueno!–; y, claro, el más logrado de todos: Ripichip, el caballeresco líder del ejército de ratones… ¡si leíste las Crónicas de Narnia, es imposible que te hayas olvidado de él!

El consejo se celebra sin más demoras en un sitio paradisíaco llamado Prado de las Danzas. Allí se da cita toda la Antigua Narnia –incluido el gigante Rompetiempo–, dispuesta a deliberar. Sin embrago, el consejo nunca llegará a parlamentar. Antes de que puedan hacerlo y justo cuando comenzábamos a echarlo de menos, reaparece Cornelius que ha dado con el príncipe gracias a sus artes mágicas y trae una terrible noticia: Miraz se ha enterado de la huida de Caspian y está preparando al ejército para salir en su busca.

Como siempre en Narnia, no hay tiempo que perder. Por consejo de Cornelius, los narnianos se di rigen al Monumento de Aslan, debajo del cual se encuentra la tristemente célebre –para todos los lectores de las Crónicas de Narnia, claro– Mesa de Piedra donde, como recordarás, la Bruja Blanca humilló y asesinó al poderoso león. Una vez instalados, son atacados por el ejército de Miraz y sufren una cruenta derrota. Lewis describe los problemas del ejército narniano de esta manera:

Nadie advirtió a Caspian (porque nadie lo recordó en esos últimos días en Narnia) que los gigantes no son nada de listos. Pobre Rompetiempo, a pesar de ser bravo como un león, era en otros aspectos un típico gigante. No atacó a la hora convenida y lo hizo desde otro sitio, por lo que tanto su bando como el de Caspian sufrieron considerables bajas y, en cambio, no lograron hacer gran daño en las filas enemigas. La mayoría de los Osos resultaron con serias lesiones; un Centauro fue herido gravemente, y en la compañía de Caspian no hubo quién no vertiera su sangre en la batalla. Fue un grupo de seres desalentados el que se amontonó bajo unos árboles que goteaban lluvia para comer su modesta cena. [3]

La increíble pluma de Lewis nos hace sentir el frío y la desesperación de los personajes. Lo bueno del autor es que, aunque escribe para niños y jóvenes, no elude algunos temas cruciales como la muerte y el dolor. Pese a saber que sus personajes son fantasías, sufrimos con ellos al pensar que, ganen o pierdan, muchos buenos narnianos habrán desaparecido para siempre.

Para los que quedan –que no son muchos y están bastante maltrechos– aún persiste una débil esperanza: El cuerno mágico de Lucía. Antes de hacerlo sonar, Cornelius explica que existe la posibilidad de que los refuerzos lleguen a otros sitios de la Antigua Narnia, lugares ya conocidos por nosotros: El Páramo del Farol, sitio por donde los Pevensi ingresaron y partieron de Narnia o el Cair Paravel, castillo ahora abandonado. Por lo tanto, enviarán a un soldado a cada uno de estos parajes. Hacía el primer destino partirá la ardilla Correvuela; hacia el segundo, Trumpkin, un valeroso enano que ha acompañado a Caspian desde un principio. Y ahora sí, la historia se complica un poco.

::Mientras tanto.
Alguien –no importa quién, podés ser vos o puedo ser yo, o puede ser cualquier otro– de alguna manera, ingresa a un mundo de fantasía invisible para los demás, pero absolutamente real. ¿Te suena? Es muy probable que te resulte familiar, porque es el esquema básico que respetan muchos de los grandes relatos fantásticos. Los británicos, eximios conocedores del arte de contar este tipo de historias, se han valido de él desde hace años. Si pensás un poco, es la historia de Los viajes de Gulliver de Johnatan Swift: Un hombre naufraga y llega a un país de seres diminutos primero, de gigantes luego, a una gigantesca isla flotante después y, por último, a un reino de caballos parlantes. También es la historia de Alicia en el país de las maravillas y su continuación, A través del espejo, de Lewis Carroll – nombre que oculta al matemático Charles Ludwidge Dodgson–: Primero persiguiendo a un conejo blanco, después atravesando un espejo, Alicia llega a un mundo extrañísimo y lleno de seres extravagantes. También Rowling, la autora de las diferentes novelas de Harry Potter utiliza este recurso: El muchacho de la cicatriz en forma de rayo abandona el mundo real cuando terminan sus vacaciones y debe ingresar a Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. La lista continúa y hasta incluye algunos excelentes relatos de terror que juegan con el viaje a mundo fantásticos –no podés dejar de leer el cuento «El pueblo blanco», incluido en Los tres impostores, novela del genial y poco conocido Arthur Machen–.

Y, claro, Lewis también lo utiliza en todos sus relatos de Narnia, excepto en El caballo y su niño. Las formas que idea para hacer que sus personajes pasen al otro mundo son realmente asombrosas: Cuadros que cobran vida, anillos mágicos, roperos sin fondo, puertas encantadas, extraños viajes en tren… una serie de increíbles portales caprichosos que guían a los entrañables personajes al mundo mágico de Narnia.

En El príncipe Caspian, el pasaje de una realidad a otra es tan sencillo que a Lewis sólo le lleva una líneas plantearlo. Pedro, Susana, Edmundo y Lucía, los hermanos Pevensi que protagonizan El león la bruja y el Ropero y que reaparecen en El caballo y su niño, son de nuevo los protagonistas de la historia. Esta vez, están esperando en la estación de tren para internarse en sus inglesísimos colegios cuando de pronto son arrebatados por una fuerza mágica. Cuando quieren acordarse, están en Narnia de nuevo. Es uno de los pasajes más alegres de todas las Crónicas, porque los hermanos estaban sumamente apenados por la finalización de sus vacaciones y la consiguiente separación –las mujeres van a un colegio, los varones a otro– y de pronto, en un abrir y cerrar de ojos, están chapoteando en la arena de una playa paradisíaca.

Sin embargo, no todo es color de rosa: Pronto comprenden que están en una isla y sólo tienen unos pocos alimentos que no les servirán de mucho. Deciden realizar un reconocimiento del territorio y entonces descubren lo que nunca esperaron encontrar: Las ruinas del Cair Paravel, el castillo en el cual habían sido reyes y reinas de Narnia durante su primer viaje. Todo hace suponer que desde la última vez que estuvieron allí han pasado una buena cantidad de años, lo que no impide que puedan reconocer la puerta de acceso a la cámara del tesoro y logren rescatar algunas de sus armas.

Dormir al intemperie no es lo mejor que te puede pasar, sobre todo si antes sólo comiste unas manzanas silvestres que no tenían el mejor sabor. Por la mañana, llega la hora de intentar trazar un plan para sobrevivir. Los hermanos están en eso cuando ven llegar un bote con dos soldados que pretenden deshacerse de un enano echándolo al mar. Un certero tiro de Susana con su arco logra ahuyentar a los captores. De este modo, los Pevensi salvan a Trumpkin, el enano que había partido para encontrar la ayuda convocada por el cuerno del que hablamos hace un par de párrafos, quien fue atrapado por los soldados de Miraz mientras intentaba llegar al río. Como te imaginarás, el resultado de haber hecho sonar el instrumento mágico ha sido ni más ni menos que el retorno de los Pevensi.

Luego de ponerse al tanto de lo que está sucediendo, los hermanos y Trumpkin partirán raudamente hacia el Monumento de Aslan para prestar su ayuda al príncipe Caspian. Han perdido mucho tiempo y aún les queda un largo camino; qué encontrarán cuando lleguen al campamento, es un misterio que los llena de temor.

::Un encuentro inesperado
El viaje no será placentero; Narnia ha cambiado tanto que ya no reconocen los viejos caminos, la comida es escasa y, por si fuera poco, los soldados del rey Miraz controlan todos los senderos, por lo que nuestros protagonistas deberán atravesar bosques y ríos pasando por los lugares más difíciles.

Al igual que en El león, la bruja y el ropero, Lucía vivirá una experiencia difícil de transmitir: Primero fue sólo una sombra que se escurría entre los árboles. Después, una figura que huía entre el follaje. Por último, mientras que todos dormían intentado recuperar las fuerzas perdidas, Aslan se dejó ver. El león le ordena a Lucía despertar a sus acompañantes, pero hay un problema: Sólo ella puede verlo.

El único que cree en su palabra es Edmundo, aleccionado por lo que había sucedido durante su primera incursión en Narnia. Gracias a su insistencia, siguen las recomendaciones de Lucía y, al tiempo, todos pueden contemplar al poderoso león.

Llenos de alegría, aunque algo afligidos por haber dudado de Lucía, la compañía vislumbra el Monumento de Aslan. Allí, el león les dice que deben separarse: Él se quedará con las muchachas para despertar a los árboles y demás criaturas del bosque mientras que los muchachos y Trumpkin deben encontrarse con Caspian y los capitanes del ejército narniano.

Pedro, Edmundo y el enano llegan hasta príncipe justo a tiempo para salvarlo del embate de Nikabrik, un enano dispuesto a utilizar cualquier medio para derrotar a Miraz, incluido el poder maléfico de la Bruja Blanca.

Sabiendo que sus fuerzas son escasas y que Aslan llegará sólo cuando sea imprescindible, Pedro decide desafiar a Miraz a un combate singular. Este tipo de lucha era muy habitual entre caballeros: Uno contra uno, dos contendientes se enfrentaban para evitar una batalla que podía resultar demasiado sangrienta. De este modo, el que ganase sería el vencedor de la guerra. El centauro Vendaval y el gigante Rompetiempo son los encargados de llevarle la propuesta a Miraz, quien por temor a quedar como un cobarde frente a su tropa, decide aceptarla.

::Pedro vs Miraz
Llega el momento del combate. Si leíste el libro, es muy probable que te acuerdes esta parte porque te debe haber parecido que tus manos no eran lo suficientemente rápidas para dar vuelta las hojas. Miraz no es un mal contendiente y Pedro se ve en dificultades en un par de ocasiones. Todos esperamos que Aslan aparezca de un momento a otro, pero al mismo tiempo sabemos que no lo hará antes de que el combate haya terminado, porque sería incorrecto intervenir en el duelo. Entonces, sucede: Cuando creemos que Pedro está por vencer, dos capitanes de Miraz comienzan a alborotar a la multitud de Telmarinos diciendo que el rey narniano ha hecho trampa. Gran revuelo y ahora sí, Aslan hace su aparición liberando a su ejército de criaturas del bosque: Todo un batallón de espíritus vegetales en la ensalada más temible que hayas visto.

Y, claro, la victoria no es sencilla, pero llega. Hasta Ripichip y sus once soldados pelean en uno de esos pasajes que Lewis nos regala como al pasar: «Ese día, más de un soldado Telmarino sintió en sus pies súbitas punzadas, como de docenas de agujas, que los hacían saltar en una pierna maldiciendo el dolor, y no pocas veces cayeron al suelo. Si caían, los ratones los remataban; si no caían, algún otro lo hacía» [4].

Finalmente, los Telmarinos son dominados por Aslan. Será el propio león quien nos cuente la extraña historia de este pueblo:

Hace muchos años, en un mar profundo en aquel mundo, llamado el Mar del Sur, un barco tripulado por piratas fue arrastrado por la tormenta hasta una lejana isla. Allí hicieron lo que hacen todos los piratas: asesinaron a los nativos y tomaron a las nativas por esposas. Preparaban vino de palmera, lo bebían y se emborrachaban; se dormían a la sombra de las palmas y al despertar se peleaban y a veces se mataban entre ellos. Al cabo de una de esas riñas, expulsaron a seis piratas, que se marcharon con sus mujeres hacia el centro de la isla, escalaron una montaña e intentaron esconderse dentro de lo que les pareció ser una cueva. Pero no era una cueva sino uno de los sitios mágicos de aquel mundo, una de las grietas o abismos que hay entre ese mundo y éste. Antiguamente había numerosas grietas y abismos entre los mundos, pero ahora son muy escasos. Este era uno de los últimos que quedaban: no he dicho que fuera el último. Y así fue como cayeron, o subieron, o tropezaron, o resbalaron por el punto preciso, y se encon­traron en este mundo, en la Tierra de Telmar, que en esa época estaba despoblada. [5]

Aslan propone un trato a los Telmarinos sobrevivientes: Pueden quedarse allí y aceptar a Caspian Décimo como su rey o pueden marcharse de nuevo a una isla deshabitada de nuestra realidad para fundar una nueva nación. Para los que deciden irse, el león hace armar un portal de madera; cuando lo atraviesen, serán transportados de nuevo a nuestro mundo. También los hermanos Pevensi deben partir, pero antes Aslan les hace una triste revelación: Algunos de ellos nunca volverán a Narnia. Quienes serán los que sí retornen, eso lo sabremos recién en la última novela.

::Caspian y Lewis
Como siempre, Lewis pone muchas ideas en El príncipe Caspian, pero lo más interesante es sin duda el lugar destacado que da a la sabiduría. Cuando Caspian descubre la verdadera historia de Narnia, lo hace porque tiene interés en saber qué es lo que pasó en tiempos antiguos. No se conforma con lo que le dice su tío, sino que busca descubrir nuevos detalles que le revelen otros aspectos de la realidad. Para lograr esto es ayudado por Cornelius, figura que dentro del libro representa la suma de toda la sabiduría.

¡Ojo! Es importante no confund ir los términos: Conocimiento no es lo mismo que sabiduría. Hay mucha gente que tiene grandes conocimientos, pero que a la hora de ponerlos en práctica, no sabe como hacerlo. Puede saber mucho de filosofía, literatura, teología, medicina o lo que sea, pero todos esos conceptos no le sirven para tomar las decisiones correctas. El sabio, en cambio, es aquel que puede analizar lo que sucede y tomar decisiones acertadas. Digamos también que no se puede ser sabio sin tener, además, unos cuantos conocimientos.

Aclarado esto, continuemos: Cornelius es un sabio, porque no sólo conoce, sino que también es capaz de actuar correctamente y, sobre todo, es quien más fe en Aslan demuestra, lo cual es un detalle como para analizar.

Muchas veces, nos hacen creer que una persona instruida no puede tener fe, porque ésta, dicen, es sólo para personas simples. Es una gran mentira. Podríamos poner como ejemplo a muchas grandes personalidades que combinaron la fe con el saber, pero vamos a elegir sólo una: C. S. Lewis. Sí, nuestro querido autor no sólo fue un gran escritor de novelas, sino que además fue un gran erudito. Pero vayamos por partes:

Como todo alumno, Lewis tuvo su propio Cornelius. Se llamaba W. T. Kirkpatrick. Había sido maestro del padre de Lewis y fue una especie de consejero educativo de la familia: Recomendaba colegios y definía planes de estudio.

Lewis lo conoció cuando tenía quince años y pretendía terminar su preparación para ingresar a la universidad. Kirkpatrick –o el gran Knock, como lo llamaban los Lewis– lo recibió en su casa y se convirtió en su tutor. Su método de enseñanza era riguroso, lo que ayudó a Lewis a refinar su sentido crítico y pensar con una lógica irrefutable. El propio alumno dijo sobre su profesor: «La idea de que los seres humanos pudieran ejercitar sus órganos vocales para un propósito diferentes a aquél de comunicar o descubrir la verdad, le parecía completamente descabellada». [6]

Lewis siempre lo reconocería como su verdadero maestro, aquél que le enseñó lo que realmente importaba saber. Gracias a lo que aprendió junto a él, logró ingresar a la universidad de Oxford. Allí estudió literatura clásica e inglesa, egresando con excelentes notas y ganando un importantísimo premio universitario por un ensayo sobre el optimismo –¡qué tema más raro para un trabajo académico!–. Después de esto, fue profesor en la Universidad de Magdalen. Allí dio clases de literatura durante veintinueve años. Si alguna vez se te da por estudiar literatura trovadoresca medieval –seguimos con los temas raros, ¿viste?– hay un libro que seguro tenés que leer: La alegoría del amor. ¿Sabés quién lo escribió? Claro que sí: Lewis. También redactó el extenso volumen Literatura inglesa en el siglo dieciséis, excluyendo el drama, una obra que se ha editado en varias oportunidades.

Como verás, no se trata de libros que pueda escribir cualquier persona. Lewis tenía un profundo conocimiento sobre estos temas y era una autoridad en lo que a literatura se refiere. A los ensayos mencionados habría que sumarles otros muchos, entre los que se destaca un estudio sobre algunos poemas referidos al rey Arturo.

Pero la cosa no termina ahí. También escribió otras novelas además de las que componen las Crónicas de Narnia. En primer lugar, mencionamos la que más nos gusta: La llamada Trilogía Cósmica, compuesta por las novelas Más allá del planeta silencioso, Perelandra y Esa fuerza maligna, una serie de increíbles relatos de ciencia ficción a la Lewis, es decir: Cero ciencia, muchísima fantasía, una pizca notable de reflexión. Y está ésa que él decía era su mejor novela: Hasta que tengamos rostros, basada en un mito griego. O esa otra, El gran divorcio, un viaje por el mundo espiritual. Tampoco podemos olvidarnos del genial epistolario Cartas del diablo a su sobrino. Y también hay algunos cuentos y poemas… a eso sumale las cartas, las Crónicas y más de una decena de libros de apologética –otro tema raro, ¿no? Ni siquiera sabemos qué quiere decir esa palabra–: Toda una vida dedicada a la escritura.

Hoy nadie se atrevería a decir que Lewis no era un erudito. ¡Pero también era un hombre de fe! Nuestro autor sabía que creer no significa ser tonto; uno puede tener convicciones espirituales y al mismo tiempo, ser un intelectual reconocido. Muchas veces nos quieren hacer creer que el conocimiento en sí mismo es malo, pero lo cierto es que todo depende de la forma en la cual lo utilicemos. Personas de fe como Lewis lograron llegar a miles de hombres y mujeres con su mensaje de esperanza, ayudándolos a pensar sobre la importancia de interesarse por temas espirituales. Hasta hoy, más de cuarenta años después de su muerte, vos y yo estamos charlando sobre lo que Lewis dejó en sus libros… ¿tiene eso algo de malo? Más bien parece algo muy bueno.

Tal vez te interese la literatura, o el arte, o cualquier disciplina académica. Puede ser que a veces pienses que estos temas te pueden alejar de aquéllo en lo que creés. Cuando sientas eso, acordate de Lewis. Él es el mejor ejemplo de alguien que pudo utilizar su saber para engrandecer su fe.

 

Aclaración: Publicado originalmente en: www.jvn.org.ar – Reproducido en Tierra Firme con permiso del autor.
____________________________

Notas:
[1] El comienzo de esta historia puede leerse en el capítulo 4 de El príncipe Caspian.
[2] El encuentro completo se puede leer en el capítulo 4 de El príncipe Caspian.
[3] La batalla completa puede leerse en el capítulo 7 de El príncipe Caspián.
[4] El duelo y la batalla pueden leerse completas en el capítulo 14 de El príncipe Caspian.
[5] La explicación completa puede consultarse en el capítulo 15 de El príncipe Caspian.
[6] Lo que significo Kirkpatrick para la vida de Lewis puede leerse en el capítulo nueve de Sorprendido por la alegría: El perfil de mis primeros años.

Comentarios

WILLY BRACAMONTE Escribio:

2008-05-06 22:39:20

es interesante la reflexión acerca de que el conocimiento no nos aleja de la fe, principalmente cuando algunos predicadores que pretenden imponer su punto de vista incitan a que la gente no debe razonar o analizar la palabra de Dios sino solo creerla. otros se atreven a afirmar que el razonamiento mata la fe. sencillamente patrañas para mantener cautivas las mentes. Dios los bendiga.

Carolina Vallejo Escribio:

2008-05-11 21:33:53

Excelente. Es muy importante la formación académica al servicio de los demás y por supuesto de la fe. Adelante. Lic. Carolina Vallejo

Ana Gabriela Villalba Escribio:

2008-05-16 16:20:39

Ya he leido el libro (a decir verdad, todos los libros de Narnia), y debo decir que este estudio esta muy bueno.... No puedo esperar a ver la pelicula!!

César Rodríguez Escribio:

2008-05-21 11:35:00

Fue a partir de ver la pelicula como llegué a conocer este sitio, pues al teclear hace casi dos años "NARNIA" en internet di con los programas especiales que hacía Tierra Firme. Estoy contento de que a traves de las películas lleguemos a conocer obras de calidad como esta serie y además programas que van hacia "la renovación de nuestra mente". Estoy muy contento de ser cristiano pues Dios nos pide usar nuestro corazón, pero también nuestro cerebro.

leo_on Escribio:

2008-05-31 00:11:00

He estado leyendo algunas cosas de Lewis, asi como su biografia, algunos lo tachan de ecumenico por su referencia al purgatorio, como dije antes, leyendo me di cuenta que si habia lewis hecho referencia a esto, que opinan?

edgardo la rosa Escribio:

2008-06-04 14:47:46

saludos.Me parece una forma paganizada de presentar cosas espirituales,el mismo formato que ha utilizado la iglesia catolica romana para presentar sus perversiones babilonicas,uds entan bien preparados y han presentados anteriormente buenos trabajos, no se dejen engañar por el maligno.los aprecio en El Mesias Salvador.

Daniel Escribio:

2008-06-05 14:39:00

Estimado Edgardo, No sabía que en la vida espiritual, hay aspectos de la vida humana que están separados de la totalidad de la creación de Dios. De la misma Biblia entiendo que el ser humano es una unidad indivisible alma, mente y cuerpo.

O sea que, el desarrollo de la literatura (al menos por lo que decís) que es parte de la creatividad que Dios puso en el ser humano, ¿es paganismo? ¿Estás diciendo que la vida del ser humano está dividida en compartimentos? ¿Qué hay áreas sagradas y paganas? ¿No somos una unidad? mmmm Entonces, mejor nos recluimos en un monasterio... para no contaminarnos con el mundo "pagano" de la literatura de C.S. Lewis y de tantos otros cristianos comprometidos que utilizaron los talentos que Dios les dió para comunicar un mensaje inteligente y que ha acercado a tantos al mensaje del evangelio.

Cuidado, pues este tipo de pensamiento es el que llevó al oscurantismo a la iglesia medieval, a la caza de brujas, y todos sabemos lo que puede ocurrir. De la misma manera, la fiebre iconoclasta destruyó grandes obras de arte, por una fiebre mal sana de entender la fe y considerar expresiones artísticas de gran nivel como piezas "paganas."

sol Escribio:

2008-06-05 20:41:55

Este hombre que escribio el articulo tenia muchas ganas de hablar de ¨su cuento faborito¨y por lo tanto lo conecto con la idea de que fe no significa ignorancia; con eso ultimo estoy de acuerdo, pero el citado es un muy mal ejemplo del mismo.

Flaco Oriental Escribio:

2008-06-06 09:25:00

Estimada Sol;

Lamento discrepar totalmente contigo.

 No es que a Ezequiel Dellutri se le ocurrió que el libro de Lewis podría conectarse con la fe. El escritor británico escribió ex profeso la serie de Las Cronicas de Narnia con el motivo de comunicarle a sus lectores jóvenes el corazón del evangelio de Jesucristo.

Me parece que deberías leer a C.S Lewis antes de hacer un juicio de ese tipo sin fundamento alguno. Todos quienes hemos leido a Lewis hemos aprendido a ver a un cristiano comprometido que transmitió su fe por la página impresa y "Las Cronicas de Narnia" son una demostración excelente de ese propósito que el tenía como escritor.

Esteban Larrosa Escribio:

2008-06-06 12:51:00

Permítanme agregar algunos elementos para la discusión y orientarla, con palabras del mismo escritor inglés.

Muchos han discutido, al igual que lo veo aquí reflejado, el hecho de si las novelas y todos los símbolos descriptos contienen el mensaje cristiano, o si por el contrario todo lo que se ha tejido “cristianamente” a su alrededor es una mera especulación.

C. S. Lewis responde a esta cuestión con la carta que le contestó a un niño en 1961 que leyó sus libros. En ella Lewis deja claro que quiso representar en forma alegórica a Jesucristo con el tremendo león Aslan. En ella afirma:“Toda la historia de Narnia se refiere a Cristo”. La carta fue publicada por Walter Hooper, quien fuera secretario de Lewis y quien se ha convertido en su biógrafo. En esta carta, Lewis dice “Supongamos que existiese un mundo como Narnia…. y supongamos que Cristo quisiese ir a ese mundo y salvarlo (como en efecto lo hizo con nosotros) ¿qué pasaría entonces?”. El mismo Lewis contesta a esta pregunta diciendo: “Pues las crónicas son mi respuesta. Como Narnia es un mundo de bestias que hablan, pensé en encarnarlo como una bestia que habla. Le di forma de león porque se supone que el león es el rey de las bestias; de hecho a Jesús se le llama “el León de Judá en la Biblia.”

Esto le respondió Lewis a un niño en 1961 y creo que nos responde a nosotros el día de hoy. Les recomiendo leer el libro de las cartas de C.S. Lewis a los niños, publicado por la editorial Andrés Bello.

 Esteban Larrosa - Productor de Tierra Firme

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